Acompañar a nuestros hijos en su crecimiento

 

Cuando nos referimos a “acompañamiento”, nos estamos refiriendo a una actitud de respeto, confianza y disponibilidad hacia los niños.

Este concepto se asienta en la base de una confianza plena en la naturaleza del niño, en su capacidad de supervivencia, evolución y desarrollo; en su capacidad de discernir sentimientos y necesidades y en el pleno convencimiento de que son ELLOS los que nos indicarán, si se lo permitimos, lo que necesitan y cuando están preparados para avanzar o no en su desarrollo.


El adulto que acompaña debe estar disponible y ofrecer ayuda si el niño lo reclama, pero no debe anticiparse.

El acompañante es afectuoso, pero no emite juicios de valor ni interpretaciones personales. No dirige el juego ni toma iniciativas, pero juega con los niños si éstos así lo piden. Ofrece recursos y materiales de juego, pero no debería mostrar inclinación o interés especifico por ninguno en concreto, serán los niños los que decidan a qué, como y cuándo juegan.

Cuando surge un conflicto entre dos niños, por ejemplo, nuestra actitud debería centrarse más en cómo se sienten qué en lo que ha ocurrido.

Poner el objetivo en acompañar ese momento de aprendizaje vital para ellos, sin anticiparnos a resolver el conflicto. Acompañamos, salvaguardamos la integridad física y damos apoyo emocional, sin juicicos ni valoraciones personales, procurando que cada miembro del conflicto pueda sentir validada su opinión.

 


Para el sano desarrollo de nuestros hijos debemos tener claro que para ellos es vital pasar mucho tiempo con sus padres y/o figuras de apego. Los niños NO necesitan las guarderías, necesitan a su familia. Las guarderías son necesidades de los adultos, para realizar actividades de adultos, pero no están pensadas para los niños. Los niños hasta los 3 años no necesitan actividades estructuradas como las que se realizan en estos centros; es más, necesitan libertad en sus movimientos, en sus juegos y en sus ritmos.


Es fundamental que se les respete y permita desarrollarse a su tiempo; no debe forzarse a quitar el pañal, ni a dormir, ni a permanecer sentado x tiempo y menos aún, a sentirse valorado en positivo ( refuerzo) o negativo (castigo) según su forma de actuar.

El castigo no sirve para educar, ni enseña nada, es tan solo un método de control y de abuso

del adulto hacia el niño.

Así pues, creo que para un sano desarrollo de nuestros hijos, debemos concienciarnos de que como mínimo hasta los 3 años debemos permitir y favorecer que puedan desarrollar un apego seguro con nosotros, estando disponibles y pasando el mayor tiempo posible con ellos.

Atendiendo a sus necesidades, pero dejándoles SER.

Respetándoles como personas únicas que son y confiando en su gran sabiduría.

 

Podemos aprender mucho de ellos, si nuestra actitud es abierta y receptiva.


 

 

 

 

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